Muchas veces hemos oído eso de que no se puede ser rico si
se es de izquierda. O al revés, no se puede ser de izquierda si se es rico. Lo
dicen habitualmente personas que están en la derecha, y lo dicen para criticar
al adversario político.
Caben matices, claro está. ¿Cuánto de rico puede llegar a
ser uno sin tener que dejar de ser de izquierda? ¿O cuánto de izquierda está
permitido ser según cada tramo de renta? Las preguntas no son irónicas, son de
verdad. En el brochazo gordo de la crítica a la izquierda vale siempre todo,
especialmente ahora que los de derechas andan desaforadamente orgullosos de
serlo. El comentario se basa casi siempre en un supuesto desenmascaramiento de
alguien. Si ese alguien dice algún comentario apoyado en los postulados de la
izquierda, es más fácil rebatir a la persona que rebatir la idea. Se dice que
quien ha hecho la afirmación es rico y asunto liquidado: lo afirmado es
inválido, es falso, es pura mentira. El recurso más fácil y más falaz, atacar
ad hominem para no tener que esforzarse ni en comprender el argumento ni en
encontrar argumentos contrarios.
Pero dejemos eso, vayamos al fondo de la crítica. Eso de
enlazar la renta de uno con sus posibilidades en el pensamiento político
debería tener una consecuencia inmediata: no se puede ser de derecha si se es
pobre. Pero eso nunca se dice, al contrario, se usa como firme argumento para
ensalzar cualquier idea derechista. Los pobres incluso la apoyan. Un pobre de
derechas, según ellos, es una persona inteligente, que no se ha dejado engañar,
que tiene un pensamiento crítico. El rico de izquierda es un embustero, un
actor, un falsificador.
Todo esto tiene que ver con la actitud que está ahora tan de
moda de denostar las ideologías. Se dice que son algo del pasado, ya superado
(aunque no se dice qué las ha superado, qué es lo nuevo que ha sustituido a las
ideologías). Se dice que los políticos no tienen ideología y que sirven a
intereses económicos propios o de amigos cercanos. Se dice que las ideologías
solo han traído desgracias a los hombres, guerras, enfrentamientos y miseria.
Pues ya habrá que ir denuciando que la simple afirmación de que las ideologías
han sido superadas es por sí misma la base de una ideología. Se trata de acabar
con el rival negando su existencia. Quien se crea que no hay ya ideologías, no
escogerá una u otra, no indagará, leerá, no estudiará, no intentará descubrir
cuál es la más justa, la que más le gusta. Simplemente aceptará que la verdad
es lo que le cuentan, sin más crítica. Asunto zanjado: todos compartimos la
misma manera de pensar. Las diferencias son solo gustos musicales, preferencias
a la hora de comprar, elección de una disciplina deportiva u otra, afición a un
equipo o a otro. Por lo demás, en lo referente a cómo debe ordenarse la
sociedad, qué valores deben inspirar a la sociedad, cómo aceptamos la
desigualdad, cómo intentamos el reparto equitativo de los bienes materiales,
todo eso no es significativo.
Pero yo me niego a admitir que no haya ideologías. Es cierto
que las ideologías evolucionan y que no se puede ser hoy comunista con los
mismos postulados de hace 60 años. Tampoco se puede ser fascista como lo fueron
hace 60 años. Pero adaptando esos postulados a la realidad presente, sí habrá
diferencias ideológicas y es bueno que las haya, porque así seguirá habiendo
una crítica permanente a lo establecido y se seguirá luchando por un ideal de
justicia.
Afirmar que una persona con un nivel de renta alto no puede
ser de izquierda presupone que esa persona, por ser rico, no puede aceptar una
ideología. No es cierto. Cualquiera puede estar dispuesto a renunciar a parte de lo que tiene si eso contribuye al
acercamiento a su ideal de justicia. No todos los ricos son explotadores o
defraudadores. No todos intentan perpetuar la pobreza del otro. Por supuesto
que cualquiera puede hacer suya una ideología izquierdista, aceptando el
reparto de la riqueza y la igualdad material entre seres humanos, sea cual sea
su nivel de renta. Y por supuesto que puede ocurrir lo contrario, y uno con
dificultades económicas puede entender que los valores sociales y políticos que
más le gustan son los de la derecha, la igualdad formal de oportunidades de
inicio sin contar con los privilegios, el ahorro de impuestos para que cada uno
escoja sus servicios sociales, el beneficio privado como motor de progreso.
Si no hubiera ideologías, nada de eso sería posible. Pero
hay ideologías, incluida la que postula que no hay ya ideologías, y hay pobres
de derechas y ricos de izquierdas. Pese a quien pese.
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